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1. OCOTLÁN DE MORELOS


1. OCOTLÁN DE MORELOS
Los habitantes de este lugar (localizado a 35 kilómetros al sureste de la capital oaxaqueña) trabajan con materiales como carrizo y barro rojo.
Fabrican utensilios de cocina y figuras diversas. Dicen algunos que comer en una olla fabricada con barro rojo es una experiencia única, que cambia el sabor de la comida. Visita esta comunidad, de preferencia los viernes, día en el que el mercado local ofrece sus mejores piezas.
Los artesanos oaxaqueños encantan a nacionales y extranjeros con ingenio y creatividad. Invierte en los productos de tu tierra, porque además de adquirir objetos únicos, al comprar estas artesanías, ayudas a las familias cuyo ingreso depende del comercio de esta manufactura.
barro de ocotlan de morelos:
Existen tradiciones familiares muy arraigadas, cultura y conocimientos que se heredan, y cuando ese primer núcleo se ensancha y se forman nuevas familias; los nuevos miembros van integrándose, perteneciendo, y los conocimientos y tradiciones se amplían y enriquecen. Éste es el caso de Alba Noemí López, quien, casada con Sergio García Aguilar y madre de tres hijos, a través de la diaria convivencia con su suegra aprendió la técnica del barro policromado que ha brindado fama a Ocotlán y, particularmente, a la gran familia de los Aguilar.
Con el tiempo, Alba no sólo ha conocido la técnica para elaborar estas bellas piezas de cerámica sino que, además, ha aprendido a amar esta labor y a poner en ella su corazón. De este modo, los varios concursos de artesanías ganados con sus creaciones constituyen parte del patrimonio de su hogar y su familia. Una poderosa razón para ello es que elaborar estas hermosas figuras conlleva todo un metódico trabajo. Primero, para obtener la materia prima ideal, debe excavarse hasta una profundidad de aproximadamente 5 metros, cerca del río. El barro obtenido se pone a secar y con él se forman pedazos (“torromotos”) que luego, ya secos, se golpean con un palo, para romperlos, y cada uno se pone a remojar todo un día para darles consistencia.
fuente de la fotografía: nvinoticias
Luego, se amasan con los pies (“Así se aprende y así se hace”, afirma Alba), para lograr una textura como de plastilina. Después, con una herramienta conocida como “azotador”, el barro se expande. Y entonces comienza la creación.
Generalmente estas figuras se inician con una forma cónica básica. Luego, con rollitos de barro (“molotes”) se va dando forma al cuerpo. Para hacer los detalles se utilizan espinas de maguey o artículos cotidianos como cepillos de dientes, palitos, etc. El mismo barro se usa para fijar los añadidos, y en ocasiones se utiliza alambre. La creatividad de los artesanos no tiene límites, pues su inspiración es su entorno: las señoras del mercado, las tradiciones, los saberes, la vida diaria… tantas cosas. La hechura de una de estas piezas puede durar hasta una semana, pero el clima es muy importante: si hay sol al dejar secar la pieza, en 4 días estará lista para hornearse. Se usa un horno tradicional de leña, y puede saberse que la pieza está cocida sólo por el color del fuego: rojo vivo. Luego, la leña se retira para no ahumar las piezas. Después viene el decorado, que se hace con pintura vinílica de vivos colores. Alba explica que en las miniaturas resulta más complicado el acabado que el modelado.
fuente de la fotografía: flickriver
Alba ha enseñado y motivado a sus hijos para continuar preservando la tradición, pues cree firmemente que mantener la riqueza cultural en su familia y su comunidad es un acto de compromiso y resguardo del conocimiento, pero, también, es un acto de amor.

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